mié. Ene 23rd, 2019

Contrastes: la Facatativá desconocida

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Alguna vez Emmet Gowin dijo: “La fotografía es una herramienta para tratar con cosas que todos conocen pero a las que nadie presta atención. Mis fotografías se proponen representar algo que ustedes no ven.” Y en efecto, Gowin no podía estar más cerca de lo que para Wilson Rivera significa el oficio de ser fotógrafo.

La fotografía llegó a su vida como consecuencia de la reflexión tardía que surge en el preciso momento en el que nos preguntamos ¿dónde y por qué estoy aquí? O tal vez fue simplemente su deseo por hacer inmortal lo vivo, lo que haría historia en la tierra por haber prestado fragmentos de vida a un mundo pendiente y dependiente de lo que está muerto.

“La fotografía que me acercó fue la arquitectónica, pero no le veía interés ni complejidad en tomarle una foto a un objeto muerto. Una casa es una casa y ya, no muestra mucho más; poco a poco empecé a acercarme a la calidad humana y me interesé más por esa complejidad del ser humano. Cuando me di cuenta que cada fotografía podía ser un universo de historias me incliné a hacer esta clase de proyectos”, afirma el artista.

Una cosa es cierta, su obsesión no es más que entender que el mundo no sería sin la vibra de los seres que lo recorren, historias tan fascinantes como volverlo fotografía y permanezca para siempre. Sin embargo, muy cerca de la obsesión está el amor por su tierra: Facatativá. La joya de la Sabana Occidente, el territorio en el que el cacique Tisquesusa exhaló el último aire, antes de caer víctima de una conquista que se maquilló de “descubrimiento”.

El amor de Wilson por Facatativá y el entrañable sentir que lo hace pensar que es la gente la que construye municipio y no solo las piedras, aunque sean las del Tunjo, fue lo que llevó al artista a estrenarse como escritor, investigador y editor, para elaborar “Contrastes” la obra que cuenta al municipio desde la imagen y el relato.

Wilson se sostiene en el deseo por recuperar la pertenencia. Considera que su trabajo en el libro fue un acercamiento a redescubrir el municipio, a encontrar esos personajes inadvertidos, en ocasiones invisibles, que componen lo que él considera hacen de Facatativá un municipio único, más allá de la historia muisca o del presente que se perfila como el de una gran ciudad.

En la tierra de todos

Y por todo lo anterior, lo que nos muestra Contrastes son retratos de personajes cotidianos. Algunos son tradicionales del municipio, otros fueron visitantes que optaron por la condición de permanentes. Todos comparten, junto a Wilson, una vocación facatativeña, una inusual esencia que los ha hecho uno con la tierra que los vio nacer o que los adoptó cuando otras realidades y otros suelos ya no les fueron necesarios ni suficientes.

El ciclista Pablo Wilches, es uno de sus protagonistas. Un hijo adoptivo de Facatativá, que no solo le permitió a Wilson lograr una foto perfecta, sino que además le hizo parte de su historia, narrándole como mientras ordeñaba vacas y hacía encargos en una bicicleta pesada y de acero, se forjaba el sueño de convertirse en un gran deportista. Hoy son las arrugas y la experiencia las que se plasman en la fotografía y un fragmento de historia lo que se enlaza a la imagen.

Sin embargo, al preguntarle por qué el libro llevaba ese nombre, sin titubear aseguró que la razón se debía no solo al mundo independiente que representaba cada ser, sino a los diferentes escaños sociales y vivenciales que recrea cada protagonista. “Tenemos desde el cura hasta el habitante de calle, profesores, cocineros. Lo que pretendía era que después de mirar esas fotografías se pudiera entender que es con la gente que se hace municipio”, dice Rivera.

El libro maneja las tonalidades grises, presentando énfasis especial a las formas del rostro. Sus personajes, aunque diversos, son valientes, son héroes de lo incógnito, que se prestaron para un proyecto que habla sobre la identidad.

Contar no es suficiente

“Cada uno de los encuentros fue y pudo ser un baile, una pelea o una discusión acalorada, dependiendo de cómo se encontraba el personaje ese día. Eso fue lo complejo, acercarse un poco a la condición humana de cada uno de ellos; entenderlo y tener la empatía para saber cómo debía yo capturarles el alma”, dice. Y sin saberlo, demuestra que es un fanático de las historias y que en secreto busca volverlas fotografía, porque contar no es suficiente.

Contrastes nos cuenta a Facatativá con multiplicidad de voces y hace de ella un escenario en el que convergen miles de mundos, que, como funciona en la canción, combinan la armonía y la melodía, sin olvidar nunca el ruido, esos personajes que desentonan con lo que está “bien”, pero que Wilson quiso retratar porque su historia también se escribe a la par de otras que terminan conjugando con el universo.

Para Wilson el libro se convierte no solo en el intento de recuperar la identidad por su municipio, sino en la invitación a que la iniciativa abogue en Cundinamarca por recuperar nuestra historia y por sobre todo lo que nos hace cundinamarqueses. Espera algún día ir en búsqueda de 116 historias, una por cada rincón del departamento.

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