vie. Jul 19th, 2019

Candidatos únicos y otras perversiones electorales

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Las próximas elecciones del mes de octubre para alcaldes y gobernadores, sobre todo, están repitiendo y perpetuando una práctica que se inició hace cuatro años, a la que los políticos, por obvias razones, le han venido cogiendo el gusto.

Lo que se está tratando de imponer en el país y en Cundinamarca, especialmente, son los candidatos “únicos”, a los que, para mantener la parodia de nuestro sistema democrático, le oponen un advenedizo prácticamente desconocido con poca o ninguna probabilidad de triunfar.

El hecho es perverso y preocupante porque desvirtúa la esencia democrática de todo proceso electoral.

En Chía todos dan como ganador, a siete meses de las elecciones, a un antiguo, profusamente investigado y nunca condenado en segunda instancia, exalcalde del municipio, que con admirable perseverancia y disciplina, sin ningún aparato partidista, solo él y su constancia, viene recogiendo firmas en el parque principal del pueblo para presentarse por un “grupo representativo de ciudadanos”, otra nueva moda que quiere imponerse frente al desprestigio de los partidos y su pérfido sistema de avales que tanto los ha corrompido y desgastado.

Pero lo mismo puede decirse de Mosquera. El candidato no solo es el más opcionado sino que, para muchos, es el seguro ganador, proveniente de la Duma Departamental.

En Madrid, suena un alto exfuncionario de la Gobernación como seguro “ungido” (aseguran todos los que creen conocer la política departamental) para dirigir los destinos de ese importante municipios sabanero.

Y lo mismo pasa con Funza, o Tocancipá, o Facatativá, o Zipaquirá, o Girardot, o un largo etcétera aplicable a la mayoría de los 116 municipios de nuestro departamento. Pero las apuestas importantes, obviamente, se están concentrando en los municipios más cercanos a Bogotá y densamente poblados.

Naturalmente, como la democracia es incierta, a pesar de todos los conciliabulos y componendas, cualquier error estratégico puede llevar al traste la más amarrada maniobra y aparecer el “palo” que nadie contemplaba en la apuesta.

Pero ellos también tienen su retorcido juego. En Chía, por ejemplo, se habla de que se van a inscribir al menos 25 posibles candidatos. Una cifra claramente desproporcionada para la tradición electoralmente histórica de un municipio.

La maniobra está diseñada con tan alevosa filigrana que lleva a alturas inimaginadas el adagio convertido en leyenda por aquel entrenador de fútbol que decía: “perder es ganar un poco”.

Un candidato y experto en estas marrullas me decía que tan bueno como ser alcalde es ser secretario de despacho. De modo que muchos de estos “candidatos”, son plenamente conscientes que tienen poco juego y probabilidad de ganar, pero le apuestan al “palo” y al temor del “fijo”, porque cualquier cosa le pueda dañar el caminado.

De modo que entra en escena el mecanismo de los “acuerdos” por el que ellos declinan la candidatura y adhieren al candidato “ganador”, a cambio de un sustancioso puesto en la administración municipal.

Ahora, si por las alcaldías llueve, por la Gobernación no escampa. Pero como siempre, vivo orgulloso de la inteligencia de nuestros lectores, dejemos que ustedes saquen sus propias conclusiones. U.G.O.

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