dom. Sep 22nd, 2019

No estás gordo, tienes un problema en el cerebro

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Lo primero que diré es que no, no es un “clickbait”. Lo segundo es que antes de correr al neurólogo escuchen o, mejor, lean esta historia hasta el final. Empezaré diciendo que, como buena columnista, no tenía tema sobre el cual escribir –porque seamos sinceros, después de varios años de rayar sobre la salud y el bienestar te quedas en ceros–.

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Así que hice lo que todo comunicador hace: pasar horas mirando el computador, buscando por Internet, como si la inspiración fuera a llegar por gracia divina, lo cual esta vez sí sucedió. Encontré en un diario médico, en inglés, el título mas curioso: “La obesidad disminuye el tamaño del cerebro”.

Leí varios artículos con diferentes estudios, y esto es lo que aprendí. Pero primero una aclaración: este tema lo toco con cuidado porque no sufro de obesidad, entonces no puedo hablar por experiencia propia.

Lo que sí les puedo decir es que mi problema, que es todo lo contrario (pierdo peso muy rápido), me ha llevado a entender lo enfermizo que resulta obsesionarse con la talla, ya sea por “gorda” o por “flaca”.

Estigmas del peso

La gente (en especial las mujeres) suelen decir: “que delicia ser tan flaca”, pero les puedo decir que no es tal. Al igual que en el sobrepeso, hay que ser muy disciplinado con la dieta y el ejercicio si quieres subir de peso, además de sufrir los estigmas por “ser anoréxica” solo por no tener el cuerpo estándar de una latina.

Para el caso de la obesidad, el estigma es que las personas están gordas “porque quieren” porque no tienen fuerza de voluntad para cerrar el pico y dejar de comer. Déjenme decirles que con el estudio que acaba de salir, van a poder callarle la boca a más de uno.

Ojo: no es para excusarse y avalar la obesidad (de todos modos es una enfermedad) se trata de que entiendan que tal vez haya más en juego bajo la superficie. Y llámenme optimista pero, si el estudio es cierto, podría no solo dar una explicación sino ofrecer mejores opciones de tratamiento.

La materia gris

Siendo un poco fresca con la anatomía humana, voy a decir que el cerebro tiene dos componentes que nos interesan ahora: la materia gris, que son las neuronas y la materia blanca, que son las conexiones (siendo muy coloquial).

La Doctora Ilona A. Dekkers está descubriendo (el estudio aún esta muy verde para dar conclusiones definitivas) una relación entre la obesidad y una disminución en el volumen de la materia gris. Es decir que a mayor grasa menos cerebro, o dicho de otra forma, con menos materia gris hay menos neuronas y con el cambio en la materia blanca (producto también de la obesidad) se afecta la comunicación entre esas neuronas que quedan.

Pero no se preocupen, no se están volviendo brutos, o tal vez sí, pero aún no está confirmado. Hay otra teoría que parece tener un poquito más de lógica (y menos culpa). La doctora Dekkers y compañía se dio cuenta que están dejando de lado una parte del cerebro que podría resolver todo el asunto.

Corteza prefrontal

En resonancias magnéticas, practicadas a diversas personas, se dieron cuenta que los pacientes con obesidad tendían a tener la actividad de la corteza prefrontal disminuida. ¿Qué es esta corteza? Pues nada más y nada menos que la región del cerebro que controla el pensamiento complejo, la planeación y el autocontrol.

Esa es la palabra clave: no tienen autocontrol en lo que se refiere a la comida. Tener la actividad de la corteza prefrontal disminuida genera una predisposición a comer alimentos de alta densidad calórica (algo así como un tamal envuelto en tocineta con mogolla chicharrona). Además los hace más vulnerables a los estímulos por alimentos así como a la publicidad.

¿No les ha pasado que entran a un restaurante y todo huele tan rico que uno se va saboreando lo que se va a pedir camino a la mesa? o ¿se va como turista de puesto en puesto mirando los platos para ver de qué se antoja? A mi sí; estos estímulos inconscientemente nos hacen comer de más.

Lo que el estudio no aclara (en parte porque no tienen idea) es qué vino primero: la obesidad o la corteza. La decisión políticamente correcta fue decir que es una relación reciproca; es decir, están en un círculo vicioso: la corteza afectada puede generar obesidad, pero a su vez la obesidad puede generar disminución de la actividad de la corteza.

¿Qué hacer con todo eso?

La solución (por ahora) es lo que nos viene diciendo Ínstagram desde la revolución fitness: ejercicio y  mindfulness. Pero les voy a explicar por qué (no boten la toalla todavía), tanto el ejercicio como el mindfulness mejoran la actividad de la corteza prefrontal.

Entonces, hacer ejercicio no es solo una cuestión de eliminar grasa, quemar calorías y ponerse sexy para el verano -que podemos pasar en la casa viendo películas (¿o esa soy solo yo?)-. Por el otro lado, aunque el mindfulness parece demasiado “nueva era”, es simplemente pensar en los beneficios de los alimentos que consumimos y no solo en el sabor.

Mi conclusión: no se obsesionen con el peso, y tampoco vivan llenos de culpa porque la sociedad les dice que están gordos porque quieren. Pueden estar teniendo un problema neurológico que esté causando ese ciclo de comer compulsivamente. Pero, tampoco se relajen demasiado, la obesidad aumenta el riesgo de declive cognitivo igual que la demencia.

Por Catalina Uribe Suárez

catauribes@gmail.com

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