vie. Jul 19th, 2019
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No hay analista político, comentario de prensa, cábala oficiosa en medios nacionales, municipales o departamental, corrillos en pueblos, oficina o pasillo de alcaldía, gobernación u otra institución departamental que no esté dando como ganador de la gobernación de Cundinamarca en las próximas elecciones de octubre a Nicolás García Bustos.

Según estas predicciones tan unánimes, el gobierno debería ahorrarse la millonada que vale organizar esos comicios y emplear mejor esa platica en construir hospitales, colegios, casa o demás necesidades que tanto necesita la comunidad y declarar ya, ganador a García.

Fiel a nuestra tradición de estar siempre al lado de los ganadores, la gran mayoría de los partidos políticos han corrido a brindarle su aval y apoyo a García Bustos. Ni siquiera se han tomado la molestia de plantear alguna alternativa o tratar con un mínimo de respeto a sus pocos militantes que han intentado levantar la mano para decir: “yo lo quiero intentar” (tipo Joaquín Camelo Ramos)

Odiamos con toda nuestra alma a los perdedores, y cuando algún “fijo” nos deja en la “estacada” rápidamente le damos la espalda como si de un apestado contagioso se tratara. Y si no miren con que facilidad nos olvidamos de las glorias del deporte cuando tienen algún tropezón por pequeño que sea.

El problema suicida de tan nefasto comportamiento, es que está dejando sin liderazgo político a las organizaciones ídem, pero el golpe más mortal es para la misma esencia del sistema democrático.

¿Realmente es el pueblo tan aconductado (por no decir servil o borrego) que no vota en conciencia sino por la figura que le señala el líder de la vereda, el gamonal del pueblo, el gobernante de turno?

Si la pregunta la estuviéramos haciendo para la sociedad que teníamos hace 50 años, la respuesta indudable sería un sonoro “SI”.

Pero estamos bastante entrados en el siglo XXI, con todo y su carga tecnológica que nos ha hecho más libres, más informados y muchísimo más deliberantes por la maravillosa libertad y posibilidades de comunicación que dan las dichosas redes sociales y el prodigioso invento que es el Internet, para que todavía tengamos los comportamientos feudales que permitieron a las castas y las élites económicas y políticas dominar a su antojo a nuestro noble pueblo.

Personalmente no tengo ninguna tacha contra Nicolás García. Es más, me cae bien y me parece un buen “muchacho”, incluso bien intencionado, palabras bien atrevidas si se tiene en cuenta que lo he visto una sola vez en mi vida. Es indudable que hace parte de esa, muy pequeña, corte de amigos que se han formado en la administración pública al lado del gobernador Jorge Rey.

Rey ha sido un buen gobernante, sin echar las campanas al vuelo, tampoco. Pero todas las personas no somos lo mismo. Cambian los estilos, las formas, los objetivos, así tengamos los mismos ideales.

Rey gobernó con todos y para todos. Les dio gusto a todos, en el ponqué burocrático, pero les impuso su ritmo de trabajo y sus objetivos de gobierno. Los que no aguantaron la tarea y la carga de trabajo, se fueron por sus propios medios. Pocas fueron las crisis de gabinete que se vivieron aunque si fueron muchas las amenazas cuando los elegidos bajaban la guardia.

Nadie sabe cuál será el estilo de gobierno de García Bustos. Tampoco a nadie le importa. Porque ese es el problema todavía de nuestra democracia. Nos tiene sin cuidado cuál sea la orientación económica, política, ideológica, social, de nuestros elegidos.

Y si, como en el cuento de “El Traje Nuevo del Emperador”, toda la masa popular dice que el traje con el que desfila le sienta de maravilla, todos le creemos, así la tozuda verdad nos demuestre que en realidad cabalga desnudo. ¡Vaya democracia! U.G.O.

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