jue. Nov 21st, 2019

¿Cómo puedo ser erótico?

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La escena me la describió con cierto espanto. El hombre de espaldas fornidas, con el que ella había salido por primera vez, se metió en el baño desnudo, de un salto, tras el lance sexual desafortunado, dejando escapar cierta incomodidad en sus gestos.

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Mientras, ella aguardaba aún en la cama por la sobremesa que nunca llegaría. La ducha anunció que todo había acabado.

La voz, entonces, sonó como un fusilazo detrás de la puerta: “Todo no es jadear y jadear, señora, necesitas más erotismo, más erotismo, señora”, casi gritaba entre el ruido de la ducha. Y con destemplada ironía remató: “¿Sabes lo que es la libido, señooooora?” Y ella imaginó una sonrisa burlesca en sus labios. Realmente no lo sabía.

Cuando abrió la puerta del baño, plantado delante con el cuerpo desnudo y húmedo, sus ojos recorrieron con cierto desparpajo de arriba abajo las curvas de la despreciada dama y deteniéndose en sus pechos abultados le soltó la peor estocada que podía darle a una señora tras haberse entregado a un hombre por primera vez: “¿Dónde has estado hasta hoy, mujer, que sabes tan poco?”

Se sintió ridícula, menoscabada, infantil, como una aprendiz de sexo a los 35 años. ¿Por qué dice eso?, se preguntó: “si hice todo lo que me pidió, llegué al orgasmo cuando él me gritaba que era la hora. Bueno, casi que me obligó con sus brazos tensos y sus pechos macizos.

¿Puedo ser erótica o el erotismo está reservado solo para hombres?, me preguntaba con impaciencia esta mujer que se sentía engañada por su vida sexual.

¿Tienes miedo de ser erótica? En realidad, no sé lo que es, de verdad.

Mi madre usó siempre faldas cortas y blandas y mi padre se regodeaba en el baño con revistas porno, lo que me producía un gran desasosiego cuando ella lo espetaba a que saliera ya. El sexo para mí fue siempre algo sucio.

A ver, traté de explicarle, los dos cuerpos sienten lo mismo, pero de diferente manera. Las mujeres estamos predispuestas como si estuviéramos encargadas de dar y él de recibir, aunque él tenga la misión activa. Todo está confundido, le expliqué como sexóloga. Claro que puedes sentir, producir, disfrutar el erotismo, la sensualidad, el famoso libido y el sexo más abierto.

¿Y lo porno? Ese es otro tema

Dejémoslo ahora por fuera. ¿Pero qué es erotismo? Te lo voy a decir lo más claro posible: es el juego del sexo mezclado con el amor, pero todavía no es el sexo desplegado. Es la aproximación, hay mucha fantasía, imaginación, simbología del cuerpo y de las posiciones y tiene mucho que ver con los gestos de la cara; los labios hacen una buena parte. Todo esto antes de que momentos después todo sea real. Puedes sentirlo, sin tocarlo.

Pero… ¿Qué te quiso decir el hombre de los pechos macizos? Tenía seguro una nariz recta, definida, varonil, fuerte, -le pregunté. -Asimismo, doctora, así es.

¿Sabes que te quiso decir ese hombre, aunque tenga esas espaldas, esos pechos, esos brazos y la nariz recta y parezca tan fuerte?

Que él necesitaba que le hicieras sentir erotismo porque él solo no lo produce; te necesita y de esa manera te estaba culpando por lo que no generaba con su propia imaginación. Te estaba confesando, sin saberlo, toda su debilidad sexual masculina. Quizá, sea incapaz de cierta suavidad.

¿Qué tiempo demoraron antes del orgasmo?

-No pasaron más de 15 minutos, doctora.

En otras palabras, él quería que tú pusieras la música y él ponía el baile. ¿Necesita el hombre el erotismo de la mujer? Y la mujer del hombre, señora. Es imprescindible, uno lo genera y el otro lo disfruta.

A ver, ¿cómo te acariciaba? Bueno, con cierta rudeza. Sus manos aprisionaban una y otra vez las partes excitables de mi cuerpo, saltando sin detenerse mucho en cada una. Y sin preguntarme si quería más, si en otro lugar, o hacerlo más fuerte o suave, hasta llegar a la penetración.

¿Nada más? -Nada más, doctora

¿Y los hombres no pueden generarlo? -me preguntaba ella.

-Sí, pero él, en este caso, no podía. Claro que los hombres pueden generar el erotismo y las mujeres tienen que inspirarlo -y viceversa-.

En este caso, el hombre musculoso que tanto te gustó, está culpándote por no excitarse adecuadamente y a tiempo.

-¿Qué debía haberle respondido, entonces, doctora?

-Que el erotismo es entre dos, señor.

Por Susan Clavel

susanclavel90@gmail.com

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