jue. Oct 24th, 2019

¿Por qué la escena más erótica es la que muestra menos?

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No me gusta desvestirme completa cuando hago el acto sexual -¿eso es malo, doctora? La miro, nada sorprendida, y le pregunto: -¿Hasta dónde, señora? -¿Hasta dónde qué?, me dice. -¿Hasta dónde se deja ver?

La señora que acude a mi consulta no puede ocultar su vergüenza hablando de un tema tabú, para ella. Duda en responderme, pero me dice al final con la cara ya rojiza: -no me quito el brasier ni las bragas, antes tampoco las medias-.

-¿Y qué dice su esposo? -Nunca logró tentarme demasiado para que me desvistiera completo.

-Pero, ¿él se divierte, señora? -A su manera, terminó aceptándolo. Una noche llegó a confesarme, aun respirando muy fuerte después de una escena sexual, que me prefería así.

-¿Recuérdeme su nombre? -María, simplemente me llamo María. Pues, algo tiene, María, que a él ha llegado a gustar.

-Perdone, por una pegunta incómoda: ¿él nunca le ha visto las partes ocultas? -Se las dejé ver una vez y cerré la ropa rápidamente. Sin embargo, las puede tocar, incluso besar, por debajo de la ropa interior. Pero no, verlas.

-¿Usted le obliga a que cierre los ojos en ese momento estelar? -Más o menos, me dice. -No creo que las vea completo, aunque a veces me descuido por la excitación que estoy sintiendo.

-Le pregunto otra vez, doctora: ¿Eso es normal? Una amiga me dijo que era una mojigata.

-No hay duda, le dije, que eso viene del manejo educativo sexual de sus padres, o de cosas que vio que no le gustaron tempranamente. -Algo así, me dice María.

Es una barrera, pero si ambos han llegado a sentirse bien haciéndolo así, pues adelante. Si quieren cambiar, también pueden hacerlo.

Pero, le voy a explicar, por qué puede llegar a excitarse de esa manera. Porque generamos del cerebro, la mente y una capacidad que se llama imaginación. Es un auditorio interno que podemos recrear, inventar, fantasear con lo que no existe o existe a medias. Puede llegar a concebir cosas mejores que las que realmente ve y toca.

Su esposo ha llegado a ver en la mente, a su manera, lo que está tocando o saboreando con la boca y la lengua. Y lo imagina maravilloso, quizás mejor que como es.

Es lo mismo que leerse una novela: usted tiene que inventarse físicamente, en imágenes, lo que está viendo en letras. ¡Qué esfuerzo! Por eso, cuesta a muchos leer. Pero, puede llegar a ser uno de los mejores placeres del ser humano.

Es el caso de la masturbación: las personas se convierten en creadores de imágenes y llegan a disfrutarlo, incluso, en algunos casos, mejor que en la realidad. Es la fantasía.

En la vida sexual pasa como en las películas: mientras menos se enseña más excitación se genera.

Como pasó con el filme La dolce vita, 1960, de Federico Fellini, cuando mostraba, a medias, una escena de strep tease. Todo erotismo sin mucho que mostrar. O la famosa película Último Tango en París, de Bernardo Bertolucci, 1972, que mostraba una escena de sexo anal que nadie vio más que en el rostro del gran actor Marlon Brando. Ambas, fueron censuradas, incluso la primera por el Vaticano.

Nada mostraban y mucho excitaba

-¿Entonces, doctora, qué me recomienda?, me preguntó, sacándome de mis cavilaciones.

A la edad de ustedes, más de 40 años, yo no le recomiendo que cambien.  Puede ser decepcionante. La imaginación se para y la excitación también.

Y pensé, entonces, cuál era el mejor consejo para darle a María. No lo dudé: -señora, lo importante en la pareja es construir un tipo de excitación. Y si cambia de pareja, reacomodarlo, crear otro tipo parecido según los deseos de las dos partes.

¿Y las mujeres pensamos igual que los hombres? -En este caso, sí; somos iguales en imaginarnos las cosas, quizás más.

¡Un momento! La detuve en seco cuando ya se marchaba. Me tentó a decirle: María, pero… si usted quiere cambiar el tipo de excitación, podemos trabajar en eso. Quizás, quiera excitarse de otra manera cuando le muestre a su esposo, sin escondidas, toda su naturaleza genital.

Imagine el rostro de su hombre señora. Pruebe, al menos, una vez, esta misma noche. Quizás, lo haga muy feliz.

María me miró con los ojos más asustados que nunca. Y sentí la tentación del diablo en su cara.

Por Susan Clavel

susanclavel90@gmail.com

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