jue. Nov 21st, 2019

Aplastó… pero el voto en blanco le dio guerra

Share this...
Share on Google+
Google+
0Tweet about this on Twitter
Twitter

El vaticinio se cumplió. No se necesitó de ninguna encuesta, ni de gurús de la política que nos dijeran a los pobres mortales analfabetas, lo que solo ellos saben. En realidad todos lo veíamos, todos lo sabíamos; la aplanadora funcionó y arrasó, pero la elección, contra todos los pronósticos, no resultó tan concluyente.

Claro, el triunfo fue tan aplastante que nadie se detuvo a mirar “la letra menuda” que nos dejó el evento electoral. Por ejemplo, quedó meridianamente claro que Colombia en general y Cundinamarca en particular no es una democracia sino una plutocracia, que el segundo lugar no fue de Wilson Flórez sino del voto en blanco y que los partidos políticos son una anécdota en Colombia convertidos en una maquina que vive de expedir avales y recoger las reposiciones de votos.

Como siempre que hacemos todas esas “atrevidas” afirmaciones, vamos a intentar sustentarlas una por una.

El término es tan antiguo y tan poco utilizado, que incluso lo mencioné en frente de personas cultas y muy pocas conocían su significado. La RAE define plutocracia como: “1. f. Situación en la que los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado. 2. f. Conjunto de ciudadanos adinerados que ejercen su influencia en el gobierno del Estado.”

El poder es de los más ricos

Otro diccionario le da una definición menos eufemística, pero igual de concluyente: “1. Forma de gobierno en que el poder está en manos de los más ricos o muy influido por ellos. 2. Clase social formada por las personas más ricas de un país, que goza de poder o influencia a causa de su riqueza.”

Muchos me dirán, con mucha sorna y sarcasmo, que estoy descubriendo que el agua moja. No, hasta no hace mucho, los partidos no solo eran centros de pensamiento, sino faros que iluminaban a la ciudadanía con una ideología clara y precisa, con la que muchos se identificaban y otros atacaban.

En Bogotá y otras grandes ciudades, con una mínima cultura política, el fenómeno se sigue viendo. Eso es lo que permitió el triunfo de Claudia López en Bogotá, de Quintero, en Medellín, de Ospina en Cali o de Cárdenas en Bucaramanga. Pero eso no fue lo que sucedió en Cundinamarca, con algunas escasas golondrinas que no alcanzan para traer el verano.

El voto en blanco ganó la gobernación en Chía

En Cundinamarca, de segundo no quedó Wilson Flórez, sino el voto en blanco que fácilmente lo dobló. Flórez terminó con una pírrica votación de 8,79 frente al 21,39 por ciento que obtuvo el voto en blanco en todo el departamento.

Pero es más, en Chía el voto en blanco le ganó a Nicolás García, único municipio en donde perdió. A García la Registraduría lo da como ganador con 16.894 votos (el 31.01%) frente a 19.892 votos (el 36.52%) del blanco. Pero sobre la validez o no del voto en blanco ya hablaremos en nuestro editorial.

Flórez perdió frente al voto en blanco en prácticamente todos los municipios de Cundinamarca, con algunas excepciones que paso a enumerar: en su patria chica, La Mesa, donde ni siquiera contó con el respaldo de sus paisanos para imponerse a García, si le alcanzó para ganarle sobradamente al voto en blanco.

En los municipios de la sabana, el voto en banco fue importante

Igualmente lo hizo en La Palma, en la lejana Manta y Medina casi estuvieron a la par, en Nariño ganó también por la mínima, lo mismo que en Pacho; le ganó en Nilo, en Paime, en Paratebueno, en Puli, en Quebradanegra, en Quipile, en Suesca, en Supatá, en Tocaima, en Vianí, Villagómez y Viotá. En 98 municipios, Flórez perdió frente al Blanco. Si fuéramos un país digno y decente, yo diría que esa silla de diputado debería quedar vacía, pero tampoco le podemos pedir peras al olmo.

Pero si somos más rigurosos, diríamos que tampoco perdió Flórez, sino el expresidente Uribe, quien con hidalguía reconoció tal circunstancia, pero que en Cundinamarca adquirió  características sísmicas como quiera que el peso de la candidatura lo asumió sin rubor Uribe y la campaña, sin hipocresía, lo priorizaba más que al humilde Flórez.

El fenómeno del voto en blanco fue de tal magnitud, aunque los políticos -y lo que es peor, las autoridades electorales y los medios de comunicación- han intentado minimizarlo totalmente, que en los grandes municipios de la sabana, considerados por todos los políticos los grandes electores del departamento, la votación del blanco fue claramente significativa.

En Chía, ya lo dije, pero permitanme repetirlo porque el hecho es inédito y ha sido totalmente ignorado, el blanco descarriló a la brutal y plutocrática aplanadora del nuevo gobernador García. En Cajicá, la diferencia estuvo a tiro de piedra (39,65% García – 31,81% Blanco).

Perdió el expresidente Uribe, quien con hidalguía reconoció tal circunstancia, pero que en Cundinamarca adquirió  características sísmicas como quiera que el peso de la candidatura lo asumió sin rubor Uribe y la campaña, sin hipocresía, lo priorizaba más que al humilde Flórez.

En los pueblos pequeños también se destacó

En el Rosal, ese pequeño pueblo de trabajadores del agro, de cultivo de flores, el blanco sacó un respetable 29.35%. Casi lo mismo que su capital provincial, Facatativá, donde votaron el 29.67% por el blanco. En Funza, la tierra del actual gobernador, mentor del nuevo y evidente triunfador “In Pectore” de la jornada, el blanco sacó 22,37%, convirtiéndose en la segunda votación del municipio, aunque lejos del ganador García quien sacó 54,41%.

En Guasca, otro pequeño pueblo agrícola a quién no podríamos identificar como de una alta cultura política, el voto en blanco se “volió” con un 30,56%. ¡Voto en blanco, no voto nulo! Porque no hay mayor expresión del inconformismo electoral, de la sana y pacífica crítica política que el que vota en blanco porque dice “ninguno de ustedes me convence, ninguno me representa”.

En fin, para no aburrirlos con tantas cifras, las ciudades donde el voto en blanco tuvo una participación por encima del 20 por ciento fueron: Cogua(22.93%), Cota(25.87%), Fusagasugá(26.29%), Gachancipá(20.74%), Girardot(22.41%), La Calera(27.25%), Madrid (26,64%), Sibaté(25.77%), Sopó(27.085), Subachoque(24.14%), Tabio(26.86%), Tenjo(28.93%).

Un fantasma vestido de blanco

Me he reservado para el final, tres de las más importantes ciudades del departamento porque por muy poco el voto en blanco no ganó lo que hubiera podido constituirse en un seísmo político de difícil predicción.

En Soacha, que produce la más grande votación de todo el departamento, García se impuso con el 37,53%. el blanco le pisó los talones con el 33,31%. En Tocancipá García ganó con el 33.46%; el blanco obtuvo 30.25%. En Zipaquirá, donde el exdirector de Gestión de Riesgo de Rey, se la metió con toda, García Bustos consiguió el 39,46 por ciento y el blanco el 29,84%.

¿Y de los partidos qué? Mal de salud, pero gracias por preguntar. En Cundinamarca, y me atrevería decir que en Colombia, los partidos se convirtieron en una justificación necesaria de nuestro imperfecto sistema democrático, pero nada más.

Coaliciones sin identidad

No solo en la gobernación, sino en la mayoría de las alcaldías lo que se impuso fueron las coaliciones, formadas por una colcha de banderas sin ninguna identidad, ni nada de común entre ellas, distinto a un voraz apetito de puestos, presupuesto, privilegios y prebendas.

El problema de los partidos, en Cundinamarca por lo menos, es de tal magnitud, que los alternativos que han salido defendiendo supuestamente etnias o minorías, en ninguna de sus candidaturas se ve un indígena, siquiera un mestizo, un afrocolombiano o al menos un mulato. Viven, entonces, de repartir avales y recoger la reposición de votos.

En las elecciones territoriales del 27 de octubre lo que sobresalió fue el dinero del candidato plutocrático, arropado por un aval partidista indispensable, pero sin ningún arraigo con el partido que lo avalaba, a tal punto que donde él ganó, no ganó el candidato de su partido a la gobernación. El asunto cubre por igual a la derecha, al centro y a la izquierda.

Candidatos sin arraigo partidista

Varios ejemplos para ilustrar. En Albán ganó la alcaldía el candidato del Centro Democrático con el 48.89%. Flórez, sin embargo, no obtuvo sino un raquítico 6.18%, mientras que García arrasó con el 71,76%. En La Mesa, la tierra de Wilson Flórez, ganó su copartidario del Centro Democrático con el 54,17%. Flórez, obtuvo la mayor votación de toda Cundinamarca con el 31,06, pero no le alcanzó para ganarle a Nicolás García.

En Anolaima, el candidato de la Alianza Verde ganó con el 38,51%; Germán Escobar, el candidato “in pectore” de la alianza obtuvo miserables 3,91%. La paliza de Nicolás fue del 72,78%.

En Facatativá, además de Cabrera, ganó el Polo Democrático. El médico de Faca se alzó con el sillón municipal con una votación de 32,76%. Mestizo, el candidato del Polo a la gobernación quedó en esa ciudad de cuarto entre los cinco, con una votación del 7,56%. En los afiches de campaña del médico ni siquiera aparecía su candidato a la gobernación.

En Chía perdió García

En Chía ganó el Partido Conservador (que hacía parte de la coalición de Nicolás García) con el 20,15 por ciento. La gobernación la ganó el voto en blanco con el 36,52%. Nicolás García obtuvo el 31,01%.

Pero es que ni siquiera sus patrias chicas le fueron fieles a los candidatos más opcionados, con excepción de Nicolás que devastó a Germán Escobar, su coterraneo, en Mosquera. Ya les conté lo que le pasó a Wilsón Florez en su natal La Mesa. Ricardo Mestizo es oriundo de Suesca y fue donde obtuvo su mejor votación (28.34%) pero tampoco le alcanzó para derrotar a Nicolás (48.62%).

El día de la votación, me tomé el trabajo de preguntarle a algunas personas, si conocían las propuestas políticas del candidato por el que habían votado. Ninguno las sabia. Pero no se preocupen, o mejor, aterrense, ni mi propia familia, extensa y cercana, conocían las de sus propios candidatos. Esa es la democracia que tenemos.

 La Casa Rey

Pero en este panorama tan desolador hay uno que ganó más que el triunfador García. Es el gobernador Jorge Emilio Rey. Calladamente, sin intervenir en política, varios de sus pupilos se alzaron con las alcaldías a donde aspiraron. Son de la cuerda del gobernador Rey, los alcaldes elegidos de Cota, El Rosal, Funza, Madrid, Mosquera, Nocaima, Subachoque, Tabio, Tenjo, Ubaté, Zipacón y Zipaquirá.

En el pasado, alrededor de los caudillos de los partidos se creaba toda una generación de dirigentes, que se formaban y alimentaban alrededor de tertulias en las casa de sus mentores. De ahí salieron las “casas” políticas que por décadas gobernaron este país. La Casa Ospina, la Casa Lleras, La Casa Gómez. Quizás en Cundinamarca estamos viendo el nacimiento de una nueva “casa”: la Casa Rey.

Por: Olinto Uribe Guzmán

oluribe@gmail.com

1 thought on “Aplastó… pero el voto en blanco le dio guerra

  1. Con mucho conocimiento de causa. Muy bien. Nos damos por enterados, perfectamente. Un saludo especial. Te esperamos en nuestra tertulias diarias de las tarde

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *