mié. Dic 11th, 2019
Share this...
Share on Google+
Google+
0Tweet about this on Twitter
Twitter

Esta es una de esas historias que de entrada presagia complejidad. Los espectadores se van a ver enfrentados a una película multidimensional y polivalente y, por ende, nada fácil de ver y digerir. Nos permite adentrarnos de manera muy profunda en una realidad que poco sabemos o poco queremos saber.

_________________________________________

En este mundo lleno de selfies, de cuerpos perfectos y vidas de ensueño, viajes, hijos, familias y trabajos envidiables, nos hemos venido acostumbrando a ignorar esas otras realidades, en donde viven muchos seres humanos que día a día dan una batalla sin cuartel para tratar de incorporarse a una sociedad que de por sí, de entrada, los quiere mantener aislados, ignorados y hasta olvidados.

Es un tema bastante complejo, que muchas veces nos llena de miedo y angustia abordar. Y ese miedo es relativamente razonable, pues ¿quién no ha visto o vivido en carne propia una crisis que lo ha acercado a una especie de locura, que lo incapacita y lo manda a ese mundo de oscuridad en donde siente que no hay salida?

Dirán algunos de ustedes, pero las crisis son parte de la vida, y sí, son parte de la misma existencia y condición humana, la diferencia es que una cosa es tener el apoyo de una estructura familiar, comunitaria y social y otra muy distinta verse abocado a enfrentarla absolutamente solo.

Antes del estreno de este film, los medios habían comenzado a generar una especie de pánico, publicando mensajes/advertencias, sobre los riesgos que representaba una película como esta, pues ya la señalaban como “incitadora” a la violencia. Cabe anotar que en la sala, que estaba completamente llena, se sentía la tensión y se respiraba un silencio rotundo, que se habría podido cortar con un cuchillo.

Sin duda fue una campaña injusta y absurda, pues existen muchísimas otras películas y canales de expresión, que incitan a la violencia, como, por ejemplo, los videojuegos, que raramente se cuestionan. Esto sonaba más a una campaña en contra de Phoenix, porque a estas alturas el ya está por encima del bien y del mal y se permite el lujo de aceptar y participar solo de proyectos en los que quiere y cree, y eso molesta a quienes creen ostentar el monopolio de esta industria.

No hay cuña que más apriete…

A pesar de todas estas advertencias, la audiencia asistió al estreno y continúa yendo a ver esta película en la que vemos a un Maestro de la actuación: Joaquín Phoenix. Los fans de Phoenix ya estamos acostumbrados a verlo desbordar talento en todos sus compromisos actorales. El tipo se la mete toda al personaje y es justamente esa intensidad la que nos hace disfrutar hasta el dolor y las lágrimas, en muchos casos, de su actuación.

Durante el proceso de creación de sus personajes, se somete a una metamorfosis tan profunda y radical, que nos hace olvidar que en algún momento en ese cuerpo estaba Joaquín Phoenix.

La música y la fotografía de la película son excelentes. Me hizo acordar de algunas como “El profesional” en donde en medio de las escenas más truculentas, uno de los personajes escuchaba música clásica.

Las escenas en donde Joker baila, son de un poeti-trágico que por un momento hacen que uno se olvide de que se trata de una persona con una afección mental y piense en la felicidad con la que, al ritmo de la música, se expresa libre y espontáneamente un ser humano, un niño inocente y aún con fe en su propia humanidad y la de quienes lo rodean.

Pero los movimientos suaves y rítmicos se van convirtiendo en contorsiones aceleradas y angustiosas, que al mejor estilo de Eisenstein (ver esta joya: Acorazado Potemkin) van presagiando lo que se desata a continuación en la historia.

Trágica belleza

Este contraste de sentimientos en una misma imagen, sin pronunciar ni una sola palabra, me parece un logro magistral tanto del actor como del director de la película. No deja de ser trágico, claro está, pero envuelve una belleza difícil de explicar con palabras. A mí me conecta con las puestas en escena de la ópera, en donde los personajes parecieran cantar con más pasión y emoción, justo cuando están a punto de sucumbir; es algo así como la beldad de las hojas de los árboles en el otoño, que antes de darle paso al invierno helado, se visten con sus más vivos y hermosos colores.

No se quede sin verla. Por donde se le quiera analizar vale la pena disfrutar del increíble talento de un grande como Phoenix. No se deje asustar por el tema de la violencia que la película puede instigar en otros.

Más violento es que como sociedad dejemos en el olvido y sin apoyo a nuestra población más vulnerable: adultos mayores, enfermos físicos y mentales, indígenas, niños, mujeres y hasta animalitos/mascotas que continúan siendo abusados y maltratados frente a la mirada fría e inhumana de un gobierno en el que también participamos con nuestra respuesta pasiva, complaciente y conformista.

Por Clara Ospina Reyes

clarospi@yahoo.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *