mar. Jul 7th, 2020

UNA PRIMERA DAMA EN LA SOMBRA La Gestora Social, como ella misma se califica, que sorprende por sus resultados

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En los Estados Unidos, la figura de la Primera Dama tiene tal relevancia, que no solamente tiene su propia oficina y su propio staff, sino que todo lo que realiza es seguido por todos los medios de comunicación como si de una estrella de Hollywood se tratara.

En Colombia, tan acostumbrados a copiar todo lo que vemos en el extranjero, la figura de la Primera Dama es, literalmente, insignificante. No tienen oficina, no tienen presupuesto, ni siquiera staff y todos sus colaboradores son voluntarios de la gobernación que le sacan tiempo a sus labores diarias, para “regalársela” a la primera dama.

¿Un problema de nuestro ancestral machismo? Más que probable. Incluso, por quién ésto les escribe. Cuando me propusieron si quería hacerle una entrevista a Alexandra Pulido, la esposa del Gobernador Jorge Emilio Rey, mi primera reacción fue de literal aburrimiento.

Me imaginaba, estrujándome el cerebro para mantener a nuestros fieles lectores interesados. Nunca he estado más equivocado en mi vida.

En los doce años que llevo cubriendo exclusivamente los temas de Cundinamarca, nunca había conocido a una Primera Dama del Departamento. Durante este tiempo he distinguido a cuatro gobernadores, pero ninguna de sus esposas se interesó jamás porque conocieran lo que habían hecho por su departamento.

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Tampoco sus esposos les dieron ninguna relevancia. Sea por machismo, o porque no quieren perder protagonismo, lo cierto es que en Colombia, a diferencia de otros países, la figura de la Primera Dama es completamente intrascendente, convertidas en un florero que adorna los eventos de sus maridos o en compañeras de viajes para que compartan con otras colegas, igualmente anodinas.

Alexandra Pulido, la joven esposa del gobernador Jorge Emilio Rey, le apostó a ser una figura diferente. Abogada, madre de dos hijos y una fiel como devota esposa; no piensen ustedes que es una feminista radical dispuesta a hacerle sombra a su marido.

Por el contrario, aunque los problemas sociales del departamento le tocan profundamente en el corazón, la Primera Dama fue una sombra detrás de su marido que luchó a brazo partido por construir su propia agenda.

Directa, sin tapujos, ni eufemismos

Alexandra sorprende igualmente porque es franca, directa, responde sin cálculos preconcebidos en sus respuestas y tampoco se deja enredar, ni distraer. “Vende” bien su mensaje, pero tiene el respeto y la gentileza de responder las puntuales preguntas del irreverente periodista.

-¿A qué le atribuye usted que, en Colombia, las Primeras Damas tengan un papel tan intrascendente?

Alexandra Pulido: Yo creo que se ha abandonado, por parte de los colombianos y de los ciudadanos de base, del pueblo, del barrio, el tema social. Cuando el tema social queda por allá -de los puntos importantes de un gobierno-, en el punto 80, así mismo queda la persona que maneja ese punto 80.

 Eso es lo que sucede con nosotras. Como se volvió un tema más de foto, de adorno, entonces la primera dama puede figurar en la foto, y no como la mujer que se desplaza al territorio, deja su oficina y se va a trabajar. Empieza a hacer gestión y a trabajar no con los dineros de la administración municipal o departamental. Entonces ahí es donde se ha desvirtuado la figura de lo que significa ser una primera dama.

 Cuando yo llegué a la Gobernación tenía muchas dudas sobre cómo iba a desarrollar mi  trabajo; tenía muchas ilusiones, sueños, metas y demás; quería cambiar el mundo. Como todos, uno llega con la ilusión de querer cambiar el planeta entero, pero, claramente, es imposible. 

 Lo que pude hacer, primero, fue pedirle dirección a Dios porque yo creo primeramente que él es quien nos dice qué hay que hacer y qué no hay que hacer. Cuando le hacemos caso, nos va bien y cuando no, no nos va bien.

En varias partes de la biblia, él me contestaba que trabajara por niños, que trabajara por niños enfermos. ¿Cómo?, le preguntaba, porque no hay dinero.

En manos de Dios

En varias partes de la biblia, él me contestaba que trabajara por niños, que trabajara por niños enfermos. ¿Cómo?, le preguntaba, porque no hay dinero. Me encontré que la realidad de la Secretaría de Desarrollo Social de mi Departamento era que tenían unos recursos ya prácticamente comprometidos al adulto mayor, a temas de discapacidad, a muchas líneas importantes para la comunidad cundinamarquesa, pero que no encuadraban en lo que yo quería hacer, que era ayudarle a niños que se estuvieran muriendo y que estuvieran en una etapa terminal de cáncer.

Entonces, empecé a pensar cómo lo podría hacer; si bien es cierto que el Gobierno Departamental no tenía los fondos y yo quería hacerlo. Empecé a conocer muchos casos de niños que tenían dificultades para hacerse cirugías fuera del país.

 Niños que tenían que pagar su tiquete aéreo, pagar unos derechos para que los hospitales los operaran. O sea, patologías y cosas que eran ya muy extrañas y que definitivamente, ni siquiera aquí, con la ayuda de los hospitales del departamento, se podían solucionar.

Eso me empezó a generar impotencia, especialmente una niña que necesitaba una cirugía que costaba 200 millones de pesos. Ahí queda uno paralizado porque está la realidad, está la problemática, está la gente que te busca y te dice: “Primera Dama, ayúdeme”.

Y se suma la dificultad de no tener ni un peso, que ni siquiera puedes arañar de las secretarías porque cada una es un mundo aparte y tiene sus propias necesidades, unos compromisos, un desarrollo y unas tareas propias que no lo incluyen a uno como Primera Dama. Definitivamente no. Porque tendrían que dejar de hacer su labor para que nosotras o la Primera Dama de turno pueda desarrollar su gestión.

Sin oficina, sin agenda, casi de adorno

-¿Pero entonces, las oficinas de la Primera Dama no están reglamentadas en Colombia, no tienen un presupuesto específico?

AP: No, nada. Y volviendo a su pregunta inicial, yo considero que esa es la razón por la que la figura sea intrascendente. Porque cuando el gobernante llega y empieza a mirar unas agendas y a determinar unos proyectos estratégicos, si dentro de esos proyectos no está el tema social particular, como el mío, que eran enfermedades terminales, y que a nivel nacional no hay ningún rubro para eso, pues hay que buscar otras maneras para poder conseguir los recursos.

Si el gobernante no le da la importancia a ese tema y si la persona que maneja el tema, sea la esposa, la hermana, la prima, la que él designe como Gestora Social o Primera Dama, no busca la manera de encontrar recursos por fuera -ahí estamos hablando de un tema de cooperación nacional y cooperación internacional-, pues no va a resultar nada. No se va a poder hacer nada.

Si el gobernante no le da la importancia a ese tema y si la persona que maneja el tema, sea la esposa, la hermana, la prima, la que él designe como Gestora Social o Primera Dama, no busca la manera de encontrar recursos por fuera -ahí estamos hablando de un tema de cooperación nacional y cooperación internacional-, pues no va a resultar nada. No se va a poder hacer nada.

-¿Cómo reglamentar la oficina de la Primera Dama para dotarla de dientes, de un presupuesto; la Asamblea Departamental, o quién podría hacerlo?

AP: No, porque eso viene del nivel nacional. Tiene que tramitarse en el Congreso de la República. Incluso, creo que hubo un sentir, hace unos dos o tres años, de la esposa de Germán Vargas, para implementar -si ella hubiera llegado a ser Primera Dama- que tuviéramos una oficina con un presupuesto para que pudiéramos trabajar.

El machismo al poder, o el poder del machismo

-Es un comportamiento machista, en mi concepto

AP: Sí. Tiene que ver con la importancia de los temas sociales, pero también mucho que ver con que el protagonista es el Gobernador, obviamente.

-Pero las Primeras Damas, en los Estados Unidos, por ejemplo, no le quitan protagonismo al presidente o a los gobernadores de los Estados. Por el contrario, son un complemento perfecto, necesario y de gran relevancia.

AP: Pero acá, al interior de los gobiernos departamentales o nacionales o municipales, sienten que pierden protagonismo. En vez de ser una ayuda, les restan protagonismo, pero yo sí considero, claramente, que es una ayuda.

Yo he tenido el respaldo de mi esposo, gracias a Dios. Inicialmente fue un trabajo que hicimos a pulso. Yo decidí no intervenir en los recursos de las secretarías sino tratar de conseguir dineros afuera. Me puse a la tarea de empezar, con un equipo de voluntarios de la Gobernación que les gusta lo social, de llamar a empresas, a multinacionales y mirar cuáles eran las necesidades más sentidas de la comunidad, para yo llevar algo.

Con las giras de ‘Gobernador en Casa’ visité todos los Centros Día, les llevé a los abuelitos cobijas, ropa, colchones, camas, cerámica, porque casi que todos los ancianatos de caridad de Cundinamarca, no tienen a nadie que les lleve nada. El alcalde del pueblo, el cura, o los mismos que les llevan la comida, pero en infraestructura esos ancianatos están cayéndose.

Siempre hay tiempo para disculpar

Logramos, entonces, varias donaciones de cerámica, de materiales de construcción; arreglamos unidades sanitarias, mejoramos el entorno, les compramos electrodomésticos. Todo, claro está, producto de donaciones y ayudas de la Gobernación.

Las agendas departamentales y municipales tienen muchas necesidades en infraestructura, en proyectos estratégicos que benefician a la comunidad en general; mientras que el tema social beneficia más a nivel particular. Yo siento que por eso se da el abandono en lo social.

Por ejemplo, yo me concentré en tres líneas fundamentales dentro de mi labor como gestora social y una de esas fue ayudar a niños con cáncer. Esa es una ayuda particular; tú ayudas a un niño, luego ayudas a otro, y cada tema enmarca la problemática y el dolor de una familia en particular, y eso es lo que, definitivamente, a uno como ser humano, a mí, me mueve.

A mí no me importaba si ayudaba a 500 niños. Ayudamos a más de 200, pero con una ayuda integral, donde les dimos dinero, les pagamos el mercado en estos cuatro años, les pagamos el médico, los trajimos de sus territorios a las citas médicas, le hacíamos un acompañamiento psicosocial a la familia.

A mí no me importaba si ayudaba a 500 niños. Ayudamos a más de 200, pero con una ayuda integral, donde les dimos dinero, les pagamos el mercado en estos cuatro años, les pagamos el médico, los trajimos de sus territorios a las citas médicas, le hacíamos un acompañamiento psicosocial a la familia.

La tragedia que parte el corazón

Porque imagínese cómo es la historia de una familia cuando le diagnostican cáncer a un hijo. Una familia de estrato normal, una familia donde el papá y la mamá trabajan para subsistir y… pum, llegó la tragedia. Se desintegra la familia, crea unos desajustes a los papás, a los hermanos, al entorno. Uno de ellos tiene que dejar de trabajar para poder dedicarse a llevar al niño a las citas.

Cuando se trata de leucemia también es fuerte porque tienen que hacerle transfusiones cada dos, tres días; cuando ya pide cambio de médula son dos o tres meses en el hospital. Son situaciones que a mí, definitivamente, me ´tocaron´ fuerte porque recibía las historias y era un dolor en mi corazón muy fuerte. Me decía: tengo que hacer algo, porque no me puedo quedar aquí viendo esta realidad y no hacer nada.

Pero los niños con enfermedades catastróficas no fueron la única preocupación de Alexandra. Se dedicó también a luchar por la discapacidad infantil y por el emprendimiento femenino que creara empoderamiento y ayuda económica en unas familias, tradicionalmente, caracterizadas por ser el hombre el único sustento del hogar.

Mujeres emprendedoras y niños discapacitados, un tema social amplio

En esa labor creó y logró la construcción de 7 Casas de la Mujer donde se ayudan y forman un promedio de 800 mujeres por casa, todo con apoyo de cooperación internacional, especialmente del gobierno alemán y el esfuerzo decidido de Martha Alonso, la líder detrás de la Asociación de Primeras Damas de Colombia (Asodamas), a quien Alexandra no duda en reconocerle el crédito.

Hablando de cifras -regresa la Primera Dama a su tema preferido- es importante decir que de los 230 casos en que ayudé sólo murieron 4 niños. Me enfoqué en niños porque si había que luchar por algo, había que luchar por algo posible. Por eso me enfoqué en niños, porque según el médico experto en cáncer, los niños tienen células con mayor capacidad de regeneración que un adulto.

-Veo que el tema social la apasiona, ¿cómo se ve en el futuro?, ¿haciendo política?

AP: Todos los temas sociales tienen que ver con política. Yo realicé eventos en los que recogía fondos. Sin tener ese círculo en el que estaba hubiera sido imposible convocar esa cantidad de gente y eso que le estoy hablando solo para recoger el dinero de la boletería para los eventos.

Durante estos cuatro años recogí 600 millones de pesos en boletería para eventos sociales. Y con esos 600 millones fue que les pagué el médico, les pagué mercados, les pagué el hotel a los papás para que se quedaran cuando había trasplantes de médula, en fin.

Sin el círculo político, no hay nada

Sin estar en ese círculo social político no hubiese sido posible. Pienso que todo el tema social tiene mucho que ver con la política, pero frente a la pregunta puntual, yo no hago nada que mi esposo no autorice.

Porque él es la cabeza del hogar, tenemos un hogar cristiano donde nos basamos en lo que Dios nos dice que tenemos que hacer y para mí es fundamental lo que él piense.

Si él me dice que yo puedo seguir haciendo esto y me puedo seguir involucrando, lo hago; si él me dice que no lo haga, no lo haría. Así me apasione, pero tengo que respetar su posición.

Como todos los seres humanos, tenemos transformaciones. Una persona no es la misma hoy a lo que fue hace cuatro o cinco años. Uno va madurando en el tiempo, en la experiencia de la vida y eso lo hace a uno ser diferente. Él entró siendo uno pero salió siendo otro. Igual me pasó a mí. Y en ese tiempo fueron cambiando muchas cosas. Al principio él no estaba tan emocionado con mis temas, ahorita creo que sí lo está.

De regreso a casa

-¿Le gusta la política?

AP: Sí

-¿Le gustaría hacer política?

AP: Sí

-¿Y qué dice su esposo?

AP: Que no (carcajadas). Pero hablando muy coloquial, es que no sirven dos políticos en casa.

-¿Por qué no?

AP: Por nuestros hijos. Nosotros tenemos una niña de ocho años y un niño de ocho meses. Y desde el punto de vista, no de político, ni de Gobernador, ni de Primera Dama, sino de esposo, Jorge necesita una esposa. No necesita una alcaldesa, ni necesita una representante a la Cámara, ni necesita una diputada, porque un hogar se establece con una esposa.

-¿Y cómo hacen los esposos que participan en política?

AP: Pues sacrifican su hogar de manera terrible, pienso yo. No me meto en la vida de nadie, ni opino por nadie. Opino por la mía. Si ya un día mi esposo me dice: “quiero que tú hagas la tarea, pero yo le voy a dedicar tiempo a mis hijos”, es diferente. Pero si los dos nos vamos a ir a dejar que los hijos los críe otra persona, no.

Durante estos cuatro años yo fui muy feliz porque él me dejó trabajar en lo que yo quería. Ahora, si él me dice hay que quedarse en casa, me voy a quedar en casa muy feliz.

Por Olinto Uribe Guzmán

oluribe@gmail.com

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