jue. Ene 23rd, 2020

Destino Oscuro (Terminator Dark Fate)

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Estoy de una emoción que no me cabe ni en el cuerpo ni en la cabeza. Admito que le tenía un poco de pereza a ir a ver esta película, pues aunque admiro a Schwarzenegger en otros aspectos de su vida, nunca me ha parecido un buen actor.

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Pero muy al comienzo de la película veo una cara que me resulta muy familiar y entonces mi interés se potencializa al cien por ciento. Me tomó casi un minuto darme cuenta que se trataba de nuestra “vendedora de rosas”, la maravillosa Natalia Reyes.

Se me alborotó enseguida el orgullo de ser colombiana y quería gritarle a todos en la sala: es colombiana, como yo, pero preferí esperar un ratico a ver si la actuación ameritaba el oso.

Esta película tiene una larga historia y versiones que comienzan desde los años ochenta. Yo me vi la primera y tal vez un par de más, pero en algún momento perdí el interés, pues el tema seguía siendo el mismo: el ser humano que es reemplazado por una máquina. Eso, claro está, hasta que aparece Natalia Reyes en la pantalla y entonces ahí recupero el interés y pienso que entre las anteriores versiones y esta, hay una gran e importante diferencia.

Con el colombianismo en la boca

Lo primero que creo, es importante resaltar, es que cuando comienza la película el idioma que se escucha es español y el espacio en donde se desenvuelven las primeras escenas es una ciudad latinoamericana. Eso de entrada, tratándose de una historia tan gringa, me generó una felicidad total (creo que lo he dicho en otras columnas, pero lo reitero por cualquier despistado: yo vivo y veo estas películas en Los Ángeles, California).

La historia se comienza a desenvolver y cada momento que pasa trato de desconectar el corazón de la razón, para mantener una neutralidad que me permita calificar la actuación de Natalia y buscar algún defecto en donde, muy al estilo colombiano criticón y juzgador, pueda salir lanza en ristre a decir que nos hizo quedar como un zapato.

Por fortuna, este no fue el caso y, por el contrario, cada minuto que pasaba, me iba dando cuenta que la apariencia física de Natalia era engañosa. No por su estatura petite y delicada le faltaba fuerza, experiencia, cancha y calidad actoral. No había duda que estaba frente a una grande; y con emoción y orgullo patriótico confirmé: a esta Natalia, “se le notan las tablas”.

Dejando atrás al latino pobre, sirviente y narcotraficante

Me atrevo a decir que tanto Natalia como el actor Gabriel Luna le impusieron un sello actoral de gran altura y calidad a una película que de por sí, y por tratarse de un género de acción, tiende a centrarse mas en efectos especiales y otros detalles de tipo técnico, que en la actuación en sí misma.

Esto nos deja muy bien parados a los latinos en Holywood, va cambiando la imagen que ha existido por años del latino pobre, sirviente, narcotraficante, carente de educación e inteligencia; del latino que para nada es bueno.

No hay duda que nos estamos abriendo espacios importantes y tenemos que aprovecharlos para mostrar toda la riqueza cultural y la capacidad que tenemos no solo de ser héroes, sino de liderar procesos de cambio social en donde rescatemos el valor del ser humano como tal, independiente de su raza, color o preferencia política o sexual.

Para los amantes de la acción esta es una excelente película: no pasa un minuto sin que haya una batalla campal con el nuevo Terminator. La fotografía y los efectos especiales también son muy buenos. Además de la felicidad de ver a una actriz colombiana desempeñarse con todo el profesionalismo que exigía la ocasión, la parte que a mí más me gustó, de inicio a fin, fue la música. No se la pierda.

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