sáb. Jul 4th, 2020

1917 The Movie

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Volviendo de unas vacaciones de fin de año y confesando que durante las mismas, no me vi ni una sola película, regreso a Los Ángeles con el afán de ver que hay en cartelera y de qué me perdí. Inmediatamente veo que están anunciando 1917 y corro a reservar mi silla en uno de mis teatros favoritos: el AMC de Century City.

Hay algo inexplicablemente atractivo en las películas que muestran historias que se desenvuelven en tiempos de guerra y que va mas allá de la simple constatación histórica.

A mi personalmente me causa una curiosidad tremenda casi todo: desde el color de los uniformes de ambos bandos, hasta el lugar geográfico en donde filmaron la historia. Uno siempre quiere ver como otros seres humanos superaron grandes obstáculos, resolvieron dilemas y sobrevivieron para contarlo.

La ignominia de la guerra

No cabe la menor duda que nada de lo que se vive en una guerra, antes, durante y después es una atrocidad completa y aun así, siempre nos ataca una curiosidad inmensa por ver como existen seres humanos capaces de soportar tales niveles de sufrimiento físico, mental, espiritual, pues tal vez eso nos relativiza, consuela y pone en perspectiva los sufrimientos propios que a ratos pensamos que son los peores.

La manera como este director cuenta la historia me pareció magistral. Normalmente las películas de guerra, muestran muy descarnadamente las batallas, los muertos, las explosiones, que lo llevan a uno como espectador a concluir que todo eso que están viviendo los protagonistas, les está causando un dolor muy grande.

En esta historia esas escenas no son la nota predominante, mas bien, el director elige enfrentar a sus protagonistas con un dilema muy profundo, de consciencia, increíblemente intimo y así los lanza a cumplir con una misión en donde se van a ver enfrentados a todo lo que experimenta un soldado en una guerra: el miedo, el hambre, el cansancio, la duda, pero también la valentía, el coraje y al final, la satisfacción del deber cumplido, más que por razones de patriotismo, por razones personales de principios, de valores, de amistad.

En medio de los horrores de la guerra, de la muerte, el caos, la perdida de consciencia para llevar a quienes se enfrentan en un conflicto que ni siquiera les pertenece, pero que igual los enfrenta a situaciones en donde deben elegir matar a su oponente para sobrevivir, hay unas escenas de una belleza inconmensurable.

Belleza en medio del horror

En medio de los horrores de la guerra, de la muerte, el caos, la perdida de consciencia para llevar a quienes se enfrentan en un conflicto que ni siquiera les pertenece, pero que igual los enfrenta a situaciones en donde deben elegir matar a su oponente para sobrevivir, hay unas escenas de una belleza inconmensurable.

Para mí, una de las mas impactantes es cuando el protagonista huyendo del enemigo, termina en una especie de caverna que alberga a una mujer, que no habla el mismo idioma que el soldado, pero que esta presta a ayudarlo y a indicarle por donde seguir el camino que le permitirá cumplir con su misión, su promesa.

En algún momento, en esa escena que sugiere un poquito de todo: solidaridad en medio de la dificultad que los dos enfrentan, amor, pues se trata de dos jóvenes apuestos que de tratarse de otras circunstancias, podrían ser los protagonistas de una bella historia de amor, se oye el llanto de un bebe.

La esperanza renace

Este pequeño ilumina y cambia la cara del soldado quien, con una ternura impactante, se acerca a verlo y en algún momento lo sostiene entre sus brazos, como queriendo contagiarse de esa inocencia perdida en la guerra y tomarlo como un signo de esperanza de que no todo esta perdido y que aún hay espacio para la vida.

Lo mas bello de todo es que el niño tampoco es de la mujer que esta allí y, sin embargo, ella lo está cuidando con un amor que va más allá de lo maternal; ¡ella es la custodia de la vida, la esperanza!

La fotografía de la película es grandiosa. La actuación de los protagonistas, impecable. No se la pierda y pregúntese si usted tuviera la capacidad de cumplir con una promesa hecha a un amigo -así tuviera que pasar por una cantidad incontable de penurias y sufrimientos- o si ese tipo de valores, ya no son la práctica habitual en esta sociedad que nos quiere mostrar y convencer de que todo es desechable y no merece ser valorado sino solamente si nos reporta una ganancia personal.

¿Será que de tanto oír que nada tiene sentido mas allá de lo material, estamos perdiendo la voluntad de conversar con el otro para resolver los conflictos y llegar a un acuerdo en donde podamos respetar las diferencias para evitar el horror de seguir en guerra?

Por: Clara Ospina Reyes

clarospi@yahoo.com

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