mié. Abr 8th, 2020

Lo que más me excita es su respiración

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Lo que más me excita de ti es la respiración, -confesaba un hombre a su amante tras una fuerte escena sexual en la que ambos quedaron fulminados.

-Yo solo te doy todo lo que tengo y nada más, -le comentó la mujer, con el corazón aún anhelante y mirando hacia la ventana como buscando un buen soplo de aire que la sosegara.

-Puedo terminar solo escuchándote respirar, jadear, -le reveló aún más su compañero de faena sexual.

-Sin embargo, no hay amor aquí, -pensó él de inmediato, pero calló en el último momento antes de hablar, y prefirió morderse la lengua. -No hay que hablar de más, -pensó, voy a echar a perder lo que hemos conseguido.

-¿Sabes por qué?, -le pregunté a este grueso señor, cincuentón, con patillas largas de los años 50, portando un lamentable traje color mostaza y una corbata amarillenta. -Te entiendo, -pensé, pero preferí también morderme la lengua, como me había contado. Tenía ganas de decirle: cámbiese la próxima vez que venga a mi consulta.

-No tengo la menor idea, -contestó-, pero si no siento esos bramidos no me excito.

No hay amor, solo un impulso sexual

Me dijo que no había amor. -No hay, doctora, solo un impulso sexual que llega cuando pasa una semana. Nada más.

-¿Y ella qué siente? -Ella no tiene a nadie y un hombre que solo le lleva diez años es un buen consuelo. Tampoco es que sea hermosa, -explicó a su manera.

-Ese sofoco que a usted le conmueve tanto es todo lo contrario de lo que usted está buscando, una especie de queja de ella por la falta de amor.

-No la entiendo, doctora.

-Usted piensa que usted es un consuelo y ella está pidiendo a gritos mediante esa respiración silbante que usted la considere de otra manera.

-¿Está casado, verdad? -Sí, señora, desde hace 20 años y tengo dos hijos.

-¿Y su esposa no jadea? -No, no tiene que hacerlo.

-¿Por qué?  -Es que ella es mi esposa, debe hacer las cosas bien. -¿La ama, señor? -Creo que la amé los primeros 5 años, después la necesito, la tengo, me cuida; está siempre a mi lado, es mi fiel balanza.

Ese jadeo tan intrigante que usted no sabe porqué es, pero le place, es el empeño de su amante en satisfacerlo porque sabe que usted llega a la cama como perro abandonado, sin amar e insatisfecho sexualmente de su pobre mujer que ni siquiera jadea, sino aguanta.

Con una se excita, la otra es su esposa

-Está claro, a una la usa y la otra le sirve para excitarse.

Ese jadeo tan intrigante que usted no sabe porqué es, pero le place, es el empeño de su amante en satisfacerlo porque sabe que usted llega a la cama como perro abandonado, sin amar e insatisfecho sexualmente de su pobre mujer que ni siquiera jadea, sino aguanta.

Esa señora concubina sabe mucho más de usted, que usted mismo y de la vida. Le ha tocado hacer sentir a los hombres de una manera especial para que estén con ella quizás un rato y acude a ese especie de resuello incitante que usted nunca había sentido.

Es una respiración terminal, climática, interna, le está pidiendo desesperadamente que no la abandone y que si puede amarla sería lo mejor que pudiera pasarle en su vida.

-¿Ella está fingiendo?, -me quiere decir, doctora.

-No lo sé, pero si fuera así, sería válido porque consigue que usted se sienta como un varón complacido y fuerte,  como no se ha sentido antes nunca.

-Nunca, es verdad, es lo que me llama la atención de cómo lo hace.

¿Sabe qué es eso que usted siente? Erotismo más que sexo puro. Es el juego del sexo. El deleite que se la arregla para hacer sentir un poco o mucho más que el propio sexo puro de penetrar y desahogarse.

El sexo como necesidad social

¿Se imagina cómo lo hacían los seres primitivos? Probablemente no había veleidades, ni tiempo para hacerlo, se necesitaba reproducir a toda carrera para aumentar los brazos en la tribu con el fin urgente de cazar, sembrar y pelear con otras tribus o con los conquistadores.

-¿Qué me quiere decir?

Que usted lo ha hecho con su esposa durante 20 años sin más placer que el desahogo final, como si no hubiera espacio para más, pero se tropezó con una mujer anhelante, seducida y abandonada, que quiere amar y solo encuentra esa manera frenética o lenta, lo sabe combinar seguro, de sujetarlo a usted para que vuelva pronto.

-Una vez la vi llorar en la cama, un rato después de haber terminado la acción, y nunca me dijo por qué fue ni la entendí.

¿Una acción?, me dijo. ¿Quéee? Para usted el sexo es una acción, una mera acción, como lo dijo, y no una caricia profunda de placer y despliegue alborotador de sentimientos y deseos íntimos, confusos, presos de deleite.

-¿Y con mi esposa que hago? -Porque está aburrido, ¿verdad?. ¿Cuánto demora en llegar al orgasmo con ella? -Miró al piso avergonzado: cinco minutos, -doctora, no hay para más.

Entre la rubia y la morena

-¿Me está diciendo, doctora, que debo amar a esta mujer más que a mi esposa? -Pero, si no ama a su esposa, señor, de qué amor me habla. Por qué no intenta buscar algo más detrás de ese jadeo. Busque qué más hay en esa señora que le está diciendo desesperadamente que quiere retenerlo a toda costa. Eso tiene un valor muy grande.

-¿Y con mi esposa que hago? -Porque está aburrido, ¿verdad?. ¿Cuánto demora en llegar al orgasmo con ella? -Miró al piso avergonzado: cinco minutos, -doctora, no hay para más.

¿Cuánto demora el jadeo de su amante?: -media hora, y a veces parece que nunca va a acabar,   se detiene un poco, y ella vuelve a la carga. -¿Y usted resiste todo ese tiempo? -Sí, doctora, es una maravilla, como si me estirara, me maneja a su antojo.

Ambos hicimos silencio. -¿Qué debo hacer?, -rompió él la tregua.  -Usted es una sexóloga y yo tengo un problema.

No, señor, tiene dos problemas. Tiene que hacer dos cosas y después decidir con cuál se queda o si se queda con ambas. Primero: trate de que su amante sienta algo más que intentar hacerlo disfrutar a usted. Algo de sentimientos, amor. Descúbrala. A esa mujer que necesita que la acaricien y usted seguro que nunca lo hace. Que la entiendan y la consideren en algo más que ese estertor enloquecedor. Quizás una palabra cálida en ese momento de esplendor. Segundo: trata de que su esposa jadee.

-¿Ehhh?

Por: Susan Clavel

     susanclavel90@gmail.com

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